Navidad en Córdoba: la noche donde la fe y la familia se sientan a la mesa
La Navidad en Córdoba no es solo una fecha. Es una escena que se repite, año tras año, con pequeños rituales que nos vienen de nuestros antepasados y otros que fuimos sumando con el tiempo.
Siempre hay uno que “sale sorteado” para hacer el asado o el lechón. Y mientras el fuego hace su trabajo, aparece el infaltable consejero de parrilla: con un Cinzano en la mano, se arrima despacio, mira la carne y tira una opinión, aunque nadie se la haya pedido. Es parte del juego.
De fondo, la música nunca falta. A veces suena un cuarteto bajito, acompañando la charla. Los más grandes piden un pasodoble, algún Chebere o La Mona. Los más jóvenes suben el volumen con Q’ Lokura, Desakta2 o La Euge. Generaciones distintas, pero la misma mesa.
Entre brindis y risas, casi siempre aparece alguna discusión. Puede ser de fútbol —Talleres o Belgrano— o de política. Dura poco. Porque en algún momento, el que menos tomó levanta la voz y dice lo que todos saben: “Basta, estamos festejando”. Y entonces se vuelve a brindar. Por la familia.
La Navidad también tiene sus silencios. A las doce, muchos miran al cielo. Se brinda por los que ya no están, por los que este año faltan en la mesa. Y también por aquellos que trabajan esa noche, con la esperanza de que el próximo Año Nuevo los encuentre sentados ahí, compartiendo.
Para muchos, sigue siendo la celebración del nacimiento de Jesús. Pero hoy también es el deseo de que renazca la esperanza. La esperanza de un país mejor, más justo, donde nadie quede afuera. Donde, como predicaba Jesús, los panes y los peces alcancen para todos.
Como decía Luis Landriscina, con esa simpleza que lo decía todo:“La Navidad no está en lo que se gasta, sino en lo que se da”.
Y en Córdoba, dar es compartir la mesa, el tiempo, la charla y el abrazo.
Entre el fuego de la parrilla, el cuarteto de fondo, una copa levantada al cielo y otra chocando con la del de al lado, la Navidad vuelve a cumplir su magia: recordarnos que, pese a todo, la familia, el encuentro y la esperanza siguen siendo lo más importante.

