La deportista amateur de Pilar, clasificada por mérito deportivo al Panamericano de Pádel, fue desafectada por la APA tras una publicación que contenía su habitual tono irónico. Una desmedida cacería virtual y una evidente doble moral frente al lenguaje hostil que impera en la política nacional, ensañándose con una atleta por su manifiesta simpatía peronista.

En el deporte amateur del interior del país, cada logro se construye a contramano de la corriente: entrenamientos a deshora, inversión económica , preparación física a pulmón y un enorme sacrificio personal. Ese camino esforzado llevó a la jugadora pilarense Florencia Guerra Sodero a ganarse un lugar dentro de la Selección Argentina de Pádel para disputar el próximo Panamericano de Libres Amateur. Sin embargo, ese sueño conquistado en la cancha se derrumbó en cuestión de horas en el terreno virtual, víctima de la viralización descontextualizada y de un clima de linchamiento mediático implacable.

La Asociación de Pádel Argentino (APA) tomó la determinación de apartarla de forma preventiva de la delegación nacional y abrirle un expediente disciplinario a raíz de una historia temporal de Instagram. En la publicación, celebrando con desparpajo su clasificación, apeló al estilo provocador y sarcástico que suele manejar en sus redes: «Hoy les voy a contar que tengo el honor de representar a la Argentina en un Panamericano. Y no hay nada mejor que una peronista fachera como yo para hacerlo», sumando una encuesta que remató con una frase desafortunada que encendió la hoguera digital.

El peso de la doble vara en el discurso público

Quienes conocen de cerca a Florencia y han compartido entrenamientos o su cotidianidad en la zona de Pilar y Río Segundo saben que su lenguaje en redes siempre se nutrió de la hipérbole, la parodia, el humor negro y el sarcasmo, muy lejos de una prédica de odio real. Se trató de un remate fallido dentro de un código de humor ácido que, sacado de contexto, sirvió como el insumo perfecto para una condena sumaria.

Lo que resulta insoslayable es el contexto en el que se produce este ensañamiento. Resulta profundamente paradójico y desigual que en una Argentina donde la máxima investidura presidencial utiliza cotidianamente sus cuentas oficiales para descalificar con extrema virulencia a periodistas, artistas, opositores y a cualquiera que piense diferente, el foco de la indignación nacional y el rigor punitivo recaigan con semejante peso sobre una deportista amateur. Su condición de militante peronista explícita actuó como un catalizador inmediato para una cacería coordinada en redes sociales, transformando un error discursivo en un ajusticiamiento público amplificado por canales de alcance nacional.

El despojo de un mérito ganado en la cancha

La celeridad con la que actuó la dirigencia deportiva deportiva contrasta con la falta de instancias intermedias. No hubo lugar para pedidos de disculpas, aclaraciones sobre el tono o sanciones graduales: se optó por la exclusión directa, arrebatándole a una representante local la posibilidad de competir por el país tras haberse ganado legítimamente la plaza con la paleta en la mano.

Obligada a cerrar sus perfiles ante una ola desbordada de hostigamiento y agresiones dirigidas hacia su persona e ideología, Guerra Sodero enfrenta el golpe más injusto para cualquier atleta: ver cómo el esfuerzo de años queda anulado no por una derrota deportiva, sino por el tribunal implacable de la cancelación digital y la selectiva vara moral de la época.

(Fuente: Redacción Ruta 9 Noticias) 📧 noticiasruta9-zona@outlook.com

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