El “Puente Viejo”, hoy en desuso para el tráfico vehicular, es un mudo testigo de la evolución de Pilar. Proyectado en 1910 y habilitado finalmente el 15 de septiembre de 1915, su estructura metálica es un exponente de la Segunda Revolución Industrial, con piezas traídas directamente desde los talleres de Nord de Liege S.A., en Bélgica.

Relatos de tierra y rastrillo

Mare rescató anécdotas que pintan una aldea muy distinta a la actual. Recordó los relatos de su abuelo, quien contaba que, en sus inicios, el piso del puente era de tierra.

“Si bien el tráfico no era mucho, las huellas quedaban bien marcadas. Había un señor que se encargaba de emparejar el suelo con un rastrillo cada tantos vehículos que pasaban”

, rememoró el historiador, graficando la paciencia y el ritmo de vida de hace más de un siglo.

Un vigía frente al paso del tiempo

Con la paciencia de un anciano, la estructura observa desde la orilla que alguna vez recordó a Umarasacate, viendo cómo el entorno del Río Xanaes se ha transformado y, en muchos casos, degradado. Hoy, aunque se realizan trabajos en la zona, las cicatrices en la cuenca del río siguen presentes ante la mirada “resignada” de este gigante de hierro.

“Si pudiese hablar… ¿cuántas cosas contaría en estos 111 años de historia transcurrida?”, se preguntó Mare, invitando a la comunidad a valorar este patrimonio que ya no soporta el peso del transporte automotor, pero sostiene sobre sus vigas el peso de la identidad pilarense.

Ruta 9 Noticias – Valorando nuestra historia en el camino a los 150 años de Pilar.