En el cierre del especial exclusivo de Ruta 9 Noticias, el exPresidente del Concejo Deliberante repasa la trastienda de su condena, el error de haber callado en el juicio, las revelaciones de su libro “Sin su permiso voy a decir”, el negocio de las estafas en el penal y la judicialización de la política que marcó a Pilar.
Pedro Botta decidió no callar más. En este capítulo final de la entrevista concedida a Ruta 9 Noticias, el docente y exfuncionario analiza el origen del título de su futuro libro, “Sin su permiso voy a decir”, como un verdadero acto de rebeldía frente al silencio que le impuso la estrategia legal durante las 25 sesiones del juicio por la venta de los terrenos de la Costanera.
“En el juicio nos decían: ‘Nosotros estamos afuera de todo, no nos nombraron nunca, no vamos a responder preguntas’. Y uno se dejaba guiar”, lamenta Botta. “Tiempo después un abogado me dijo una frase que me quedó marcada: ‘El que es inocente pide a gritos decir la verdad’. Y tiene razón. Por eso este libro es un acto de rebeldía, voy a decir todo lo que hay que decir para que la sociedad tenga una letra objetiva”.
”Un fallo a lo Kafka” y la realidad carcelaria
Al evaluar los fundamentos de la sentencia que lo envió a prisión el 22 de diciembre de 2023, Botta cuestiona la falta de pruebas directas en su contra y traza un paralelismo con la obra de Franz Kafka:
“Si es la prueba la que condena, no puede ser que mi sentencia diga textualmente: ‘No consta de la prueba que Botta supiera del armado, pero por haber mandado a votar marcha preso’. ¿Dónde quedó el in dubio pro reo que favorece al acusado? En el libro ‘El Proceso’, es acusado de un delito y se muere sin saber exactamente por qué lo condenaron. Yo siento exactamente eso: hasta hoy no me queda claro cuál fue el fraude o mi participación en él”.
En su obra, realiza una cruda radiografía del sistema penitenciario:
“El servicio penitenciario mezcla todo. El que entra por violencia de género sale choro porque se nutre adentro. Había 18 celulares por pabellón donde se estafaba a diario, y la exigencia para los que estábamos adentro no era participar, pero sí hacer silencio para no arruinar el negocio con nuestras voces”.

La trama política, la era Bechis y la “automatización” del Concejo
La condena a los principales miembros de la gestión de Diego Bechis no solo representó un sacudón judicial, sino que reconfiguró el mapa político de la ciudad. Botta reflexiona sobre la relación entre los tribunales y las urnas:
“¿Si hubo una judicialización de la política? Sin dudas la hubo. El problema es que la judicialización de la política no deja gobernar. Termina entorpeciendo y paralizando una acción ejecutiva de un poder autónomo. Lo lógico sería que los actos políticos se revisen desde los órganos creados para eso: un Concejo que controle y un Tribunal de Cuentas que fiscalice, no mediante los tribunales de entrada”.
Al analizar las fallas institucionales de aquella gestión, el “Profe” no esquiva la autocrítica:
“El error principal fue que el mismo asesor letrado que asesoraba al Poder Ejecutivo era el que asesoraba al Legislativo. Si me preguntás cuál fue mi participación, fue haber aprobado un convenio como presidente del cuerpo. Nunca hubo confabulación ni intención de quedarse con nada. Íbamos automatizados: 4-3, 4-3… Como sigue pasando hoy en la mayoría de los concejos. Si pudiera volver el tiempo atrás y hablarle a aquel Pedro que ingresó a la política, le diría: ‘Frená, analizá y tené una moral autónoma, no te dejés influenciar por el medio'”.
”El daño fue gigante, pero no guardo rencores”
Pese a las graves secuelas en su salud y en su círculo familiar, Botta remarca que transita este momento despojado de resentimientos hacia los denunciantes u opositores de aquel período:
“He tenido diálogo reciente con referentes de la oposición que se han puesto a disposición. No tengo nada en contra de nadie. El daño que nos causaron fue enorme, espiritual y corporal, pero el tiempo acomoda las cosas”.
Hacia el final, deja un balance de su paso por la vida pública: “Fui candidato a intendente, salí cuarto entre nueve y no me pesa. Estuve cerca de la gente, mi oficina era ‘la pecera’ porque era de vidrio y no ponía cortinas para que cualquiera pasara a hablarme. Hoy solo espero que el pueblo de Pilar sepa quién es quién y me recuerde simplemente como un buen tipo”.
(Fuente: Entrevista Exclusiva / Ruta 9 Noticias)
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