El talentoso mediapunta albirrojo fue el gran protagonista del duelo cordobés. Con raíces en Río Segundo y formación en La Agustina desde los 5 años, reeditó la historia de su padre, Ezequiel Lázaro, aquel exquisito volante que dejó huella en Alta Córdoba y en el fútbol nacional.
Los clásicos cordobeses suelen consagrar a futbolistas de personalidad forjada a fuego, pero cuando detrás de esa consagración hay una historia familiar y una fuerte pertenencia territorial, la fiesta adquiere tintes especiales. En la resonante victoria de Instituto Atlético Central Córdoba frente a Talleres, el nombre que copó las portadas y los elogios fue el de Jeremías Ezequiel Lázaro, el volante ofensivo que cautivó a los hinchas con su desparpajo y visión de juego.
Para la región de la Ruta 9 y el departamento Río Segundo, la alegría es doble: los registros oficiales y el arraigo del juvenil están estrechamente vinculados a la ciudad de Río Segundo, donde su familia y entorno celebran el crecimiento exponencial de una de las apariciones más prometedoras de la Liga Profesional.
El legado familiar: “Mi papá es mi ídolo”
Lázaro no es un apellido cualquiera en Alta Córdoba. Jeremías es hijo directo de Ezequiel Lázaro, aquel recordado y talentoso volante zurdo surgido de las inferiores gloriosas que debutó en Primera División a mediados de los 2000, vistió la camiseta albirroja en recordadas campañas y luego forjó una extensa trayectoria en clubes como Chacarita Juniors, Talleres, Independiente Rivadavia de Mendoza y Mitre de Santiago del Estero.
Desde que era un niño pequeño, su padre lo llevaba al predio de La Agustina. “Mi papá es mi ídolo. Siempre admiré cómo jugaba mi viejo. Me aconseja, me habla y yo trato de escucharlo y aprender todos los días”, supo confesar Jeremías cuando descollaba en la Sexta División de AFA. Aquella pegada prodigiosa y el panorama de juego que caracterizaron a Ezequiel parecen haberse transmitido genéticamente al “Jere”.
Forjado en La Agustina
Llegado al semillero glorioso con apenas 5 años de edad, Jeremías transitó cada escalón formativo con la casaca albirroja: infantiles, divisiones juveniles de AFA y Reserva, hasta consolidarse en el plantel profesional de Primera. En el medio, su nombre ya había despertado el interés de gigantes del fútbol argentino como River Plate y emisarios europeos gracias a su habilidad natural para romper líneas y asistir.
En una tarde consagratoria donde el clásico cordobés se tiñó de rojo y blanco, Jeremías Lázaro demostró que está listo para escribir sus propias páginas doradas. De la mano del ADN futbolero heredado de su padre y con la bandera de Río Segundo bien en alto, el pibe de la Gloria ya no es solo una promesa: es una grata realidad del fútbol argentino.
(Fuente: Redacción Ruta 9 Noticias)
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