Su esposa relató en televisión cómo la adicción a las aplicaciones de apuestas se descontroló durante la Copa del Mundo. La familia enfrenta un pasivo económico incalculable, amenazas digitales de plataformas y los vacíos legales para lograr una internación asistida.

​La ludopatía digital continúa mostrando su faceta más destructiva en la provincia de Córdoba. En diálogo con El Show del Lagarto, la esposa de un jubilado cordobés visibilizó el drama económico y emocional que atraviesa su grupo familiar luego de que su marido cayera en una espiral de apuestas clandestinas y virtuales a través de su teléfono celular.

​Según relató la mujer —quien decidió preservar su identidad—, la problemática avanzó en silencio dentro de su propio hogar hasta que las señales de endeudamiento extremo se volvieron imposibles de ocultar.

​Celular, deudas ocultas e intimidaciones

​La situación se tornó crítica a partir del Mundial 2026, momento en el que el uso compulsivo de las aplicaciones de juego se incrementó exponencialmente:

“Es una enfermedad que primero nos enfermó a nosotros para tejer su red y darle vía libre a su adicción. Todo ocurría en el teléfono. Cuando empezó a escalar, le pedimos que nos entregara el celular y ahí comenzó el verdadero caos: es delirante lo que fuimos encontrando”, explicó la mujer.

​Entre las irregularidades detectadas, la familia denunció que el jubilado brindó acceso a sus contactos, copias de su DNI con el domicilio donde residen sus hijos y contrajo préstamos informales con plataformas que luego aplican métodos extorsivos de cobranza:

“Hay un millón y medio de aplicaciones que intimidan al deudor. Como están enfermos, entran en un bucle constante. Ni siquiera sabemos con exactitud cuánto dinero se debe; nos mostró una parte, pero sabemos que hay mucho más”.

​El debate por la internación y la falta de regulación

​La mujer cuestionó con dureza la falta de controles sobre el juego online y advirtió sobre las barreras legales que impiden a las familias intervenir oportunamente cuando el paciente no reconoce su estado:

“No tenemos cómo ayudar si la internación no es voluntaria. Si no pueden tomar buenas decisiones sobre su cuerpo ni su economía, ¿cómo van a decidir internarse? Aun aceptando el tratamiento, él buscaba conseguir otro celular convencido de que le iban a reintegrar la plata”, concluyó.

(Fuente: El Show del Lagarto / El Doce)

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