Sin nombre propio: el Gobierno de Córdoba borra a Llaryora de su comunicación oficial y rompe una tradición histórica

19 enero, 2026 | Ruta 9 Noticias

Desde esta semana, el nombre de Martín Llaryora dejó de figurar en las comunicaciones oficiales del Gobierno de Córdoba. El cambio no es menor ni casual: implica un rediseño total de la identidad visual, que abandona firmas personalizadas, degradés y colores secundarios para adoptar una estética sobria, institucional y uniforme, con fondo azul, tipografías blancas y el escudo provincial como único identificador.

La nueva imagen ya comenzó a aplicarse en redes sociales, sitio web oficial, cartelería y papelería institucional. A partir de ahora, las obras y anuncios ya no llevarán la leyenda “Gestión Martín Llaryora”. En su lugar, solo aparece el escudo de la Provincia y un slogan breve, definido como eje conceptual del actual gobierno: “Hacer para crecer”, acompañado por los colores de la bandera cordobesa —azul, blanco y rojo—.

Desde el área de Comunicación explicaron que la decisión apunta a una lógica distinta a la tradicional. “Es más despersonalizada, más desde los cordobeses”, señalaron, dejando en claro que la intención es correr el foco del nombre propio y reforzar la idea de gestión institucional.

Aunque pueda parecer un simple cambio estético, la medida marca un quiebre inédito en la Córdoba del siglo XXI. Es la primera vez que un gobierno provincial elimina el nombre del gobernador de su comunicación oficial, rompiendo con una práctica profundamente arraigada en la política local, donde la personalización del poder suele ser la regla y no la excepción.

El trasfondo del cambio abre un debate más amplio. Despersonalizar la comunicación implica que el mensaje deje de girar en torno a una figura y se centre en la institución o en el beneficio ciudadano: “El Estado informa”, “Más seguridad para tu barrio”, “Obras para la comunidad”. La apuesta busca reforzar la idea de que el Estado es permanente y los funcionarios son transitorios, un concepto clave para la institucionalidad democrática.

También hay una lectura ética: al eliminar nombres propios, se evita el uso de recursos públicos para la promoción personal, una frontera que muchas veces queda difusa en la comunicación política. Además, el mensaje que se intenta instalar es que los logros no dependen de un líder individual, sino de equipos técnicos y políticas públicas sostenidas.Pero la discusión no es lineal. Personalizar la gestión también tiene efectos positivos: en contextos de crisis, la sociedad suele demandar un rostro visible, un responsable claro. La contracara es conocida: cuando la gestión se confunde con una persona, el proyecto se vuelve frágil, se instala la idea de favor político y se debilita la confianza en las instituciones.

Por eso, el cambio que impulsa el Gobierno de Córdoba excede lo gráfico. Es una señal política y cultural que interpela a la forma en que el poder se comunica y se ejerce.