Oriunda de Río Segundo, hija de un conocido empresario local y una docente, se formó en ingeniería industrial para financiar su gran vocación. A los 22 años armó las valijas rumbo a Buenos Aires, superó la incertidumbre de la escena porteña y hoy brilla en el teatro mientras abraza sus raíces con un EP de cuarteto.
Hay decisiones que no se toman únicamente con la cabeza, sino con un nudo en la garganta y una valija cargada de incertidumbre. Para Alexia Monte, cada paso en su vida artística significó derribar un prejuicio propio, transformar los miedos en combustible y animarse a dar ese salto al vacío que solo quienes sienten el arte en las venas pueden comprender.
Crecida en las calles y la calidez de Río Segundo, en el seno de una familia trabajadora —hija de un conocido empresario local y de una madre docente—, Alexia sintió desde muy chica el llamado de los escenarios. Sin embargo, en el tránsito hacia la adultez, la necesidad de un respaldo tangible la llevó a una carrera tan desafiante como distante del teatro: la Ingeniería Industrial en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Córdoba.
«Arranqué a estudiar ingeniería industrial en la UTN, pero siempre con esa meta clara de querer dedicarme al arte. De alguna forma pensaba en ese momento que tenía que estudiar para vivir, para poder también luego financiar todo lo que es este camino artístico, y ahí apareció la ingeniería. No sé por qué una carrera tan difícil, pero me gustaba matemática», recuerda Alexia con honestidad y una sonrisa sobre aquellos años de doble vida entre planos, números y tablas.

Mientras avanzaba en los claustros universitarios, no descuidó ni un solo día su formación escénica: cursó comedia musical y la licenciatura en teatro. Pero el verdadero punto de quiebre llegó a sus 22 años, cuando entendió que los sueños grandes exigen renuncias y valentía: dejó la comodidad de su provincia y se radicó sola en Buenos Aires.
El desarraigo, las audiciones y el aprendizaje de no esperar a nadie
La llegada a la Capital Federal significó medirse en un terreno exigente. Comenzaron los castings interminables, los comerciales y, con el tiempo, la consagración en obras teatrales reconocidas como Sin Expensas, Camas Separadas y 4 viudas y 1 funeral (todas con amplia repercusión en la cartelera de Alternativa Teatral).
Sin embargo, en el plano musical, las inseguridades y la falta de recursos económicos le jugaron una mala pasada en los primeros tiempos:
«La música la fui dejando un poco en stand by en ese momento. Medio que por miedos, por no contar por ahí con los medios para realizarlo; yo en ese momento tenía como la idea de ‘bueno, alguien me va a descubrir, alguien me va a producir’. Y nada, después se me empezó a aparecer esto de muchos artistas como llevando a cabo su proyecto musical solos, de forma independiente, y yo dije: ‘che, si ellos pueden, yo también’».
Ese clic interno la empujó a la autogestión total. Dejó de esperar el golpe de suerte externo y se transformó en la productora de sus propias metas. En 2023 se animó a lanzar sus primeras canciones en el género pop, descubriendo que la respuesta de la gente en plataformas y redes sociales era genuina y cálida.
La vuelta a las raíces: el cuarteto como bandera
Pese a estar afincada en la gran metrópoli, el pulso cordobés jamás se desvaneció. Las ganas de homenajear el género con el que creció terminaron de darle forma a su nuevo proyecto: un EP conceptual de cinco canciones al ritmo del tunga-tunga, trabajado codo a codo con un productor de su tierra natal.
«En el medio se me apareció la idea, las ganas de hacer cuarteto. Estuvieron ahí un poco dubitativas, que si lo hago, que si no… Y bueno, después se me cruzó la idea de hacer un EP de cinco canciones, y de cuarteto, ¿por qué no? Arranqué a laburar con un productor de Córdoba, un poco a distancia, después me junté, fui a grabar y la realidad es que me re gustó el resultado», cuenta entusiasmada.
El primer corte de difusión ya está al aire: una enérgica versión cuartetera de «Tal vez», el inoxidable hit de Ricky Martin. El material completo verá la luz en los próximos meses e incluirá una composición de su propia autoría, consolidando su versatilidad lírica.
«Ahora me estoy dedicando full a eso, a la actuación, a la música, y bueno, un poco rebuscándola para vivir de esto que es el arte», resume con esa mezcla de humildad y perseverancia tan propia de Río Segundo.
El camino de Alexia Monte no es solo la crónica de una artista en ascenso: es el testimonio conmovedor de quien no esperó a que le abrieran las puertas, sino que aprendió a construirlas con sus propias manos.