La ilusión de un apoyo popular orgánico en redes sociales se desmorona. Investigaciones y groseros errores técnicos dejaron al descubierto la red de granjas de bots y operadores digitales que responden a Javier Milei. Con figuras clave como Fernando Cerimedo (hoy preso en Bolivia) y Santiago Oría, el ecosistema libertario se dedica a hostigar tanto a estrellas de la cultura como a vecinos de a pie. La gran incógnita: ¿de dónde salen los millones para mantener esta estructura?

La narrativa de que el éxito digital del gobierno de Javier Milei responde a un fenómeno puramente orgánico y ciudadano ha quedado expuesta como una de las mayores ficciones de la política contemporánea. Detrás de los “me gusta”, las tendencias en X (ex Twitter) y los ataques en manada, opera una maquinaria tecnológica transnacional y multimillonaria diseñada para manipular la opinión pública y silenciar a la disidencia.

Los arquitectos de la manipulación

El cerebro inicial de esta estrategia fue Fernando Cerimedo, fundador de La Derecha Diario y nexo con operadores de la ultraderecha global como Brad Parscale (exasesor de Donald Trump). Hoy, Cerimedo está preso en la cárcel de Palmasola (Bolivia), enfrentando graves cargos por tentativa de feminicidio, enriquecimiento ilícito y encubrimiento al narcotráfico. Aunque el Gobierno intentó negar sus vínculos desde 2023, los registros oficiales confirman que Cerimedo ingresó al menos 12 veces a la Casa Rosada durante 2024.

Con su caída, la botonera de los trolls quedó en manos de otros alfiles del oficialismo, entre ellos el publicista Santiago Oría. La impericia técnica de esta nueva gestión quedó en evidencia esta semana, cuando cientos de cuentas falsas (bots) publicaron por error los códigos de programación en lugar de los mensajes de apoyo al Gobierno (“Reply2: EXTRAORDINARIO…”), confirmando la automatización artificial del aplauso libertario.

El doxeo y los ataques presidenciales

Este ejército digital no solo infla encuestas, sino que funciona como una fuerza de choque. El propio presidente Javier Milei encabeza la ofensiva utilizando su investidura para atacar a figuras que cuestionan el desfinanciamiento de la cultura, como Lali Espósito, María Becerra o Ricardo Darín.

Pero la violencia no distingue jerarquías. Cuando Brisa, una joven ciudadana, declaró en un móvil de C5N que estaba arrepentida de votar al oficialismo porque “no llegaba a fin de mes”, el ecosistema digital liderado por figuras como el legislador Agustín Romo activó un brutal doxeo. Rastrearon sus redes privadas, expusieron su lugar de trabajo y publicaron fotos de sus vacaciones para hostigarla. El mensaje mafioso es claro: nadie, ni famoso ni anónimo, está a salvo si critica al modelo.

La pregunta del millón: ¿Quién financia esto?

Montar y sostener granjas con miles de teléfonos móviles sincronizados, servidores en el exterior, software de Big Data y sueldos para ejércitos de trolls requiere una inversión mensual de cientos de miles de dólares.

Aquí radica la mayor opacidad del Gobierno que prometió terminar con “los curros de la casta”. ¿Cómo se financia esta colosal estructura de desinformación? Si no existen licitaciones públicas ni gastos oficiales declarados para este fin, las opciones son alarmantes: o se están desviando recursos del Estado a través de la SIDE (recientemente beneficiada con millonarios fondos reservados) o existe un financiamiento privado no declarado que condiciona la política nacional desde las sombras.

(Fuente: Investigación Ciberpolítica / Redacción Ruta 9 Noticias)