Por Graciela Treber
El Presupuesto enviado recientemente al Congreso para 2027 —un año electoral clave— insiste en redoblar el ajuste. Estamos atrapados en un torniquete perpetuo que está dejando sin oxígeno a la actividad económica y a la gran mayoría de los argentinos y argentinas.
Se profundiza el castigo a los sectores más vulnerables:
- Nuevos recortes a jubilados y personas con discapacidad.
- Propuesta para eliminar el ajuste automático de la AUH.
- Fuertes partidas a la baja para las Universidades públicas y el sistema científico-tecnológico.
Semejante despropósito solo encuentra explicación en una lógica de extorsión política: presionar a los gobernadores aliados “negociando” estos recortes a cambio de apoyo parlamentario para reformas estructurales regresivas —como la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central (BCRA) y otros proyectos que, de otro modo, carecerían de viabilidad legislativa.
Por otra parte, ni siquiera los mercados financieros reclaman tanto rigor fiscal. Por el contrario, preferirían un alivio que brinde sostenibilidad política de cara a los comicios. Prueba elocuente de esto es la reciente advertencia editorial de The Economist:
“Argentina necesita menos gritos y más crecimiento”, señaló la publicación bajo el título “Pan y manteca, no fanfarronadas”. Sin estas correcciones, advirtió el medio británico, el “remarcable experimento liberal” corre serio riesgo de naufragar el año próximo: su destino final dependerá de compatibilizar la estabilización macroeconómica con respuestas concretas al empleo y los ingresos de la población.
Cuando hasta los voceros emblemáticos del orden neoliberal alertan sobre el rumbo, la conclusión es ineludible: el camino elegido no solo es insostenible, sino que anticipa un desenlace aún más crítico.